¿Cómo introducir el trabajo colaborativo en una clase?


Posiblemente esta pregunta se han hecho muchos docentes y ciertamente no es sencillo de abordar sin disponer de experiencia y conocer cómo gestionar las disfuncionalidades que se puedan producir. Por otra parte, no es lo mismo pensar en un grupo de niños de educación primaria que en el mismo grupo de personas en la pre-adolescencia o en un grupo de personas en educación superior o un grupo de profesionales bien motivados. Los planteamientos son diferentes, pero podemos proponer una serie de elementos comunes que considerar:
  1. Conocer el grupo de personas. Lo que con un grupo de personas puede funcionar bien, con otro puede ser un desastre. Por ello siempre es positivo abordar un análisis previo del grupo en el que va a trabajar y aprender, de forma colaborativa. ¿Qué tenemos que considerar? Es interesante realizar algún tipo de test que nos permite tener información sobre el perfil de aprendizaje de cada alumno. Personalmente, son interesantes los perfiles de aprendizaje que elaborar  MBTI (Link ) y Felder-Silverman (Link)
  2. Normas/Condiciones/objetivos que deben ser respetadas durante el trabajo. Cualquier trabajo en equipo está limitado por circunstancias diversas. Circunstancias como el tiempo disponible, los recursos que se disponen, la forma de interactuar, etc. Es interesante que los estudiantes conozcan estas limitaciones para que no aparezcan disfuncionalidades a la hora de trabajar de forma conjunta. Hay que pensar que es imprescindible que el desarrollo del trabajo sea transparente a todos los componentes del equipo y al docente/facilitador. Por ello la 'observabilidad' debe de plantearse como una ventaja para todos. Aparte de las normas de contorno, el propio equipo puede fijar una normativa propia, de forma que se adapte a las características del grupo. A veces esta normativa se va generando/consolidando con el tiempo, por lo que conviene que madure poco a poco y pueda ser modificada: flexibilidad.
  3. Debe fijarse una estrategia de resolución de conflictos, de forma que todo sepan qué hacer si aparece una disfuncionalidad. El objetivo de la resolución de conflictos siempre debe estar en la línea. "gano-ganas-ganamos". No se trata de imponer soluciones, sino más bien, de utilizar los conflictos como retos que mejoren el resultado final.
  4. Los miembros de cada equipo deben asumir una serie de compromisos de forma explícita. Por ello conviene que las normas que compromisos sean consensuadas y cada miembro las acepte de forma explícita y libre de toda duda. 
  5. Los criterios de control/evaluación deben estar bien definidos desde el inicio, aunque puedan ser suficientemente flexibles para adaptarse a las circunstancias que se puedan presentar. La flexibilidad debería potenciar los resultados, no reducirlos de forma que no se cumplan los objetivos planteados en la actividad.

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