¿Disrupción o continuismo educativo? Mejor, educación conjuntiva



La educación es una de las tareas más importantes y delicadas para una sociedad. No deberíamos de tratarla como una sala de juegos experimentales, ya que nos marca para toda nuestra existencia. Según seamos educados podremos afrontar los retos que la vida nos vaya poniendo por delante con más o menos oportunidades de éxito.

Vivimos en un periodo social bastante peculiar. Un periodo que se ha venido a llamar postmodernidad. La postmodernidad se caracteriza por la atomización social, la relativización del conocimiento, la emotivización de la realidad y continuos cambios socio-culturales. Es lo que el sociólogo polaco, Zygmunt Bauman, ha denominado con certeza: la modernidad líquida. En estos momentos parece que estamos cada vez más cerca del punto de ebullición social, por lo que la modernidad líquida se va haciendo gaseosa y más y más inestable.

En esta época  la educación se ha convertido en un espacio más donde las ideologías intentan ganar adeptos. Un espacio en el que luchar entre sí y conseguir que las leyes se hagan según del modelo que ellas proponen. Un espacio en que al ser humano se le imponen modelos ideológicos que pueden generar más problemas que soluciones. Nos encontramos ante un disruptismo educativo, que propugna el fin de la formación educativa, para abrir las puertas a la educación espontánea/cambiante. Otra parte de la sociedad se agarra con fuerza a lo que conoce y sabe. Podíamos hablar de una postura conservadora y tradicional, que no termina de encajar dentro de la modernidad líquida que vivimos. Nos aferramos al madero que flota, para no hundirnos y tener una referencia estable sobre la que vivir y crecer.



Cada vez que leo sobre educación disruptiva y el modelo del cambio continuo, me planteo si no estamos comprando el modelo desarrollista, de "usar y tirar", que ha dado lugar a una sociedad insensible con el valor de lo que tiene. Encima, al hablar de educación hablamos de profundizar sobre este modelo de usar y tirar, desde los primeros años de su desarrollo. Como se decía hace tiempo: "Los experimentos con gaseosa". Cuando tenemos entre nuestras manos algo tan importante como el futuro de la sociedad y el bienestar de nuestros hijos, no se puede jugar con la forma de educar.

Ante este enfrentamiento ¿Por qué no entender la educación de forma conjuntiva? Es decir, atendiendo al entorno educativo donde nos movamos. No se trata de cambiar por cambiar, bajo el postulado de que todo cambio siempre es positivo. ¿Por qué no utilizar las metodologías más adecuadas, buscando conservar lo que funciona y mejorando/innovando sobre lo que necesitamos adaptar? Les pongo un ejemplo. No es lo mismo decir que renovamos nuestros vehículo cada tres meses, que decir que innovamos nuestro vehículo cada tres meses. En el primer caso estaríamos cambiando nuestro medio de transporte cada tres meses, desechando el modelo anterior, con todas sus cosas buenas y cosas mejorables. Si innovamos sobre nuestro vehículo cada tres meses, indicaríamos que mejoramos el mismo vehículo sin desechar lo que estimamos que funciona correctamente.

Creo que la clave está en adaptar instrucionalmente los medios y métodos educativos, buscando la personalización de la enseñanza. Cada persona, cada grupo humano, cada espacio social, es un universo que necesita una respuesta adecuada. El modelo de educación fordista no es capaz de responder a las necesidades del ser humano, aunque sea eficaz para producir productos a bajo precio. Además, cuando se "producen personas" con patrones estándar, el valor y la dignidad de cada individuo queda relegado a la utilidad social que presente en cada momento. Por todo ello, creo muy interesante investigar en la caracterización educativa de las personas, con el fin de ofrecer soluciones adaptadas y optimizadas para cada situación. Desde los primeros años, hasta la madurez, la educación forma parte de nuestra vida. No podemos tomarnos a la ligera la educación, sea cual sea el nivel al que nos refiramos.


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